
La vida era extraña, sobre todo la suya. Una princesa china en el cielo y un pez espada saltando por las aguas del canal de Panamá; ella en el tejado mirando, oliendo, sintiendo; todo eso para llegar a lo mismo de siempre: quería al hombre en su cama; quería sentir con alguien; quería sentir con él. Pensando esto, se tumbó encima de las tejas y cubrió el pecho con los brazos. En la noche casi nunca hay mariposas, se cierran como las margaritas, pero allí estaban. Sintió cómo una mariposa se posaba entre sus dedos, otra cerca de las axilas y otra en los pies; cuatro mariposas le bailaban encima de la tripa.. Casi tuvo miedo; pero a sentir ella no le temía; tal vez sí, tal vez le temía demasiado pero no le importó, no quería pensar ahora en eso. Separó las manos de las axilas y volvió a poner los brazos en cruz, las piernas lo mismo; parecía el dibujo de Leonardo que había en la biblioteca de la casa.
Mariposas de colores vinieron de la luna; mariposas de colores en los dedos de los pies; mariposas de colores en los pechos; mariposas negras entre las piernas. Mil alas de mariposas cubrieron su cuerpo y sintió mil caricias a la vez. Se retorcía encima de las tejas, se retorcía debajo de las alas. Sintió cómo una contracción subía desde la vagina hasta la nuca; sintió la caricia en las axilas; sintió cómo unas alas batían entre sus piernas y no pudo controlar el grito ni que su espalda se arquease. Arañó las tejas con las uñas; metió dos dedos en la boca, volvió a sentir el trallazo en los riñones y abrió la boca y los ojos. Vio cómo el búho la miraba y a él, al viento y a los árboles, a la luna con pelo, al fuego, a Aries y a todo el universo dedicó el aullido que entre jadeos salió de su boca. El movimiento final fue tan fuerte que removió varias tejas y, pasados muchos minutos, aún se retorcía contra ellas. Inmóvil, con los ojos abiertos, pensó que sí le gustaba sentir, le gustaba mucho. A pesar de la distancia, de los latidos desacompasados del corazón, sentir merecía la pena.
Las mariposas volaron a Aries y a la luna; el búho se encogió entre sus alas y la polilla y el saltamontes entraron al cuarto, a refugiarse a la luz de las candelas. Ella se levantó despacio y colocó las tejas; agachándose puso un pie descalzo en la escalera. Al pasar delante de un espejo, vio su figura reflejada: tenía la piel brillante, llena de polvo de estrellas y mariposas; tenía brillo de seda, el calor de la seda, su calor. Con un poco de suerte, él habría sentido el grito en el espacio; con un poco de suerte, él se habría despertado al oír su respiración acelerada; con un poco de suerte, él habría sabido que ella había sentido esperando su boca.
Ella, la princesa de la luna, la reina del sol, la estrella que iluminaba su noche, había gritado al universo el nombre de su amo. Apagó las velas soplando suavemente y supo que sentir no era cuestión de suerte; el sentir había que buscarlo, no dejarlo en manos del destino.
MANDARINA ( Susana Perez-Alonso)
sin duda impactante, quiero leerlo, y tambien tenemos conversaciones pendientes, espero que encontremos un rato, entre tanta fantasía, tantas palabras hay cosas que forman parte d la realidad, la mia y la tuya... cuantos secretos se guardo la luna...cuantos momentos se llevo el viento, pero en nuestros corazones siguen guardados todos esos secretos para disfrutar a solas de ellos y soñar que estamos vivas por un momento. La congoja de mi alma quizas es poca comparada con la tuya, amiga. un beso
ResponderEliminarGracias por comentar en mi blog. Respecto a tu opinión y aunque pueda sonar contradictorio por que soy yo la que he publicado la entrada, estoy bastante de acuerdo. No creo que la gente de a pié pueda pagarse la ropa de ésta gente ni piense en ello. Publiqué ésta entrada, como otras muchas que publico porque me causo mucha curiosidad e impresión que tantísima gente famosa (y aun faltan en la lista)hagan lo mismo. Culo veo, culo quiero, y puse los enlaces para que vierais la poca personalidad que tienen porque muchas de sus colecciones son muy similares entre ellas.
ResponderEliminarAun así, por gracia o por desgracia marcan tendencia en nuestro mundo.
Un saludo.